El día 14 de marzo tuvimos la gran oportunidad de visitar el museo pedagógico de la UAM acompañados por Jesús Asensi, que nos estuvo enseñando los libros que se utilizaron en la escuela unos 50 años atrás. Nos referimos a la Escuela Antigua. 
En el año 1970, “la época de la EGB”, se publicó la Ley General de Educación. Fue importante porque no existía una ley unificada. Era una época de efervescencia que provocó que se promulgara esta ley. Hasta el años 70, estaba la primeria de los 6 a los 12 años y de manera paralela, el bachillerato, que se empezaba a los 10 años. Quien quería o quien podía se iba de primaria para cursas bachillerato. Solían ser los más pudientes, por lo que había bastante discriminación. Así pues, se estableció la Educación General Básica, que duraba hasta los 14 años, pero era obligatoria. Después, comenzaba el bachillerato o la FP. Se acababa con la discriminación de sexos. Incluso las escuelas de Magisterio, una de para mujeres y otra para hombres. Además, los libros de texto cambiaron. Antes tenían unas enciclopedias donde estaba todo resumido. A partir de los años 70, se empezaron a producir libros grandes, con mapas, a color,…

La primaria se regía por una ley de 1945, le daban mucha importancia a la lectura, escritura y cálculo. En esos años no había Educación Infantil, era preescolar, aunque solo se daba en la capital. Ingresaban en la escuela a los 6 años sin saber leer. El primer curso de primaria se dedicaba a leer y a escribir: primero se aprendían todas las letras del abecedario y, después, se juntaban con las vocales para poder pronunciarlo. Más adelante, se empezó a reflejar la letra con un dibujo, para facilitar el aprendizaje. Respecto a la escritura,, solo había lápices. El bolígrafo apareció en los años 40-50. Existían las plumas, que consistía en un palillero en el que iba incrustado un plumín. Necesitaba mojarse en tinta líquida. Había que escribir de forma inclinada y no mojarla demasiado. Hasta que llegó la máquina de escribir, todo se escribía a mano.

Sería muy interesante trasladar esta actividad a un aula y poder mostrar a los niños estos libros. Complementaría muy bien la tarea de “comparar libros antiguos y nuevos”, ya que, podrían palpar las diferencias ellos mismos. Volveríamos 50 años atrás, a la época de sus abuelos, lo que les ayudaría a entender cómo era la educación entonces y poder compartir la experiencia con ellos: sacar del baúl de los recuerdos tanto materiales escolares olvidados como toda la sabiduría que poseen sobre este tema. Como bien he mencionado en otras entradas, no hay nada mejor que ver algo con tus propios ojos y poder tocarlo, para entenderlo antes que soltarles un discurso en conocimiento del medio de cómo ha ido evolucionando la educación en España. ¡Señores, véanlo y comprueben ustedes mismos!
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